jueves, 17 de enero de 2013

Hablar para callar

Por el momento éstas son las últimas palabras que escribo.

Mi vida está llena de palabras
y vacía de sentido.
¿Para qué sirve hablar de aquello
que me está prohibido?

Mil veces, de la fuente
de la sabiduría beberé.
Se secará el saber
y todavía no habré aprendido.

Y palabra tras palabra
irán pasando los años.
O quizá no,
porque no tenga sentido.

                                   A.B.B. 17 de enero de 2013





martes, 15 de enero de 2013

Desafío al silencio

Quisiera cortar de un tajo certero
la yugular del silencio,
sorprender su garganta
con la acerada frase
que haga brotar a borbotones
su sangre de príncipe azul, 
acostumbrada a hacer
lo que le da la real gana.
Quisiera marcar su piel
por los siglos de los siglos
con mis uñas de letras afiladas
clavándose impasibles,
una tras otra,
en lo más profundo de su alma.
Quisiera pero todavía no puedo.
Es tan difícil llegar a él...
Las palabras me han hecho frente
levantando entre mi paladar
y mis labios,
barricadas de inmensa nada
que apresan mi lengua 
a balbuceos carentes de saliva
por la que deslizarse.
Mas tengo paciencia.
Esperaré a que caiga la noche.
Yo no podré oírle
y él no podrá verme.
Las palabras son traidoras
por naturaleza,
con promesas de gloria
las convenceré para que me escolten
al lugar donde saben se esconde
y sin piedad, lo haré mío.

                                           A.B.B. 15 de enero de 2013



The sounds of silence





jueves, 10 de enero de 2013

Hoy me he vestido de sueños

Hoy me he vestido de sueños,
de olores desconocidos
y sabores recordados;
de amaneceres perdidos
y atardeceres hallados.

Hoy me he vestido de sueños
y mis manos podían volar
y mis ojos respirar
y mi corazón mirar
y mi sonrisa bailar.

Hoy me he vestido de sueños,
y me he lanzado a volar tu cuerpo
y respirar tu mirada
y mirarte desde dentro
y bailar a tu risa pegada.

Hoy me he vestido de sueños,
y al pasar frente al espejo
he visto en él reflejado
el color azul de un cielo
que viaja desde el pasado.

Hoy me he vestido de sueños,
me he vestido y he soñado
que soñaba estar vestida
de un dulce sueño de vida
y soñando, he despertado.

                                           A.A.B. 10 de enero de 2013











martes, 8 de enero de 2013

El día de las flores

Cuando del cielo cayeron las primeras flores no supieron qué hacer con ellas. Como siempre que sucede algo fuera de lo común, e incluso cuando no, grupos de gente se empezaron a arremolinar alrededor. Hay que llevarlas a un laboratorio y analizarlas a conciencia -dijeron unos-. ¡No! Que a nadie se le ocurra tocarlas. No sabemos de dónde proceden y pueden estar contaminadas -dijeron otros-. Un iluminado se aventuró a decir que bien podían ser flores espías enviadas por el enemigo a saber con qué misión secreta. Un tipo con cara de hombre del tiempo espetó como si sus palabras hubieran sido arrastradas por un viento repentino -No hay ni una sola nube de la que hayan podido llover-. El gentío seguía aumentando y llegaron los primeros incidentes. Oiga usted, no empuje, que yo estaba primero. Pero es que desde aquí no puedo ver. ¡Pues haber llegado antes!. Desde el final del grupo llegaba una voz -¿Qué ha pasado? ¿Hay algún muerto?- No hombre, algo mucho más raro aunque más aburrido. Han caído flores del cielo, así, tal cual, y ahí están todas esparcidas por el suelo. Docenas, qué digo docenas, cientos, miles quizá. ¿Pero alguien las ha visto caer? Ah, no sé. Cuando he llegado ya estaban tal y como están ahora. La culpa es de este perro tocapelotas que tarda un siglo en cagar. Es lo que tienen los perros, van a su aire y no entienden que en cualquier momento pueden llover flores -contestó el primero solidarizándose con el atribulado dueño de aquel perro nada comprensivo-.

miércoles, 2 de enero de 2013

Miradas invisibles

Trepas a la cima de mis ojos
y te acercas con cautela
hasta el borde del abismo.
¿Qué quieres ver allá abajo
que aún no hayas visto?
El camino era arduo y yermo,
la desolación te tendió su mano
y tentado estuviste de rozar sus dedos,
pero no te rendiste.
Desde la distancia infinita
que a dentelladas me devoraba
te vi caer y rasparte el alma,
pero no te rendiste.
En la oscuridad, sin acertar a verte
te presentía y escuchaba tus ciegos lamentos
lanzados a tientas contra el viento,
pero no te rendiste.
Las fuerzas se te hicieron agua
y arrastrando paso tras paso
sudaste tus propias huellas,
pero no te rendiste.
Tu corazón se fue quebrando
por el frío de cada noche
que pasó a la intemperie,
pero no te rendiste.
Alzaste hacia el horizonte
tu mirada febril y fatigada
y mis ojos ansiaron ser tu reposo
porque no te rendiste.
Y ahora mírame, amor,
mírame y díme,
¿qué quieres ver allá abajo
que aún no hayas visto?
                                                A.B.B 2 de enero de 2013