miércoles, 20 de febrero de 2013

September Earth, Wind & Fire


Do you remember the 21st night of September?


Mensaje en una botella


De todas las lecciones que la vida me ha ido haciendo aprender, algunas se han desdibujado con el tiempo pero otras han quedado tan grabadas en mi memoria que casi podría decir en qué páginas del libro están.
He aprendido que no es bueno renunciar a los propios sentimientos para complacer a otros. Que es necesario saber decir no cuando no se quiere decir sí. Que por mucho que corramos para alcanzar un sueño nunca va a llegar antes del momento en el que tiene que llegar. Que las cosas pasan, a veces porque sí y a veces porque no. Que la culpabilidad no es buena compañera porque al menor descuido se come tu almuerzo de ilusiones y se sienta encima de tus deseos, dejándote el corazón famélico y sin lugar donde descansar. Que nunca hay que renunciar a un sueño siempre que se tenga la certeza de que está bien soñado. Que hay que andar por la vida bien preparado, como un intrépido explorador, porque nunca se sabe en qué momento se va a cerrar una puerta dejándonos sin salida aparente, se nos va a venir encima un muro que parecía de lo más sólido o cuándo la tierra va a temblar bajo nuestros pies haciendo que se derrumbe todo lo que considerábamos perfectamente construido. 
He aprendido que no hay que arrepentirse de nada de lo que se hace, a pesar de que después de hecho parezcan locuras, pasos en falso o tiempo perdido, porque siempre llega un momento en que aquello que pensabas que no iba a servir para nada te puede salvar de caer al vacío. Que no se puede dar lo que no se tiene ni se debe recibir lo que no se desea porque engañarse a uno mismo es el mayor error que se puede cometer. Que a veces hay que tener paciencia para saber esperar y otras el movimiento es tan necesario como respirar y que solamente dejando hablar a nuestro corazón por boca de los sentimientos sabremos cuál es el momento adecuado para cada cosa. 
He aprendido que hay que luchar por todo y por nada, sin descanso,  y que es alentador pensar que tras cada batalla, en alguna parte, siempre habrá alguien dispuesto a curarte las heridas. Que siempre habrá alguien que te necesite y alguien a quien necesitarás porque es la simbiosis de la vida. Que por más páginas que aprendo de este libro y aunque acaso en algún momento resulte demasiado pesada su lectura, quiero seguir aprendiendo porque el día que deje de aprender habrá llegado mi hora.
He aprendido que si no liberas todo lo que llevas dentro encerrándolo en una botella y lanzándolo con fuerza al mar, nunca nadie podrá encontrarlo. He aprendido que queda tanto por aprender...

A.B.B.  20 de febrero de 2013