domingo, 2 de marzo de 2014

Carnaval

Paseo por el mundo mi desnudez
de palabras ensangrentadas 
y uñas rotas
porque un día
hace mucho tiempo
me dije ven,
te vestiré de lo que no eres.
Te haré un rutilante disfraz
con el que nadie será capaz 
de reconocer tus ojos de agua
ni tu piel con estigmas.
Nadie podrá hacerte daño.
Sonaba bonito.
Me lo quise creer, fui
y me embutí en un traje
de superhéroe de pacotilla
demasiado pequeño para mí.
Me convencí de que no importaba
si me pinchaba la ternura
cuando respiraba fuerte
ni que el frío se colara
por aquella fina tela
hecha de mentiras
y me lancé en picado
a rescatar brazos mutilados
y labios resecos.
Aquel disfraz era un éxito.
Nadie me conocía.
Ni siquiera yo misma.
Nadie sentía necesidad de saber
quién se escondía debajo,
aunque algunas veces,
jugaban a adivinarlo.
Entre juegos y rescates
el traje se fue desgarrando
y dejó al descubierto
la vulnerabilidad de quien nunca pide
aquello que no le van a dar.
Dejó al descubierto
lo que siempre había intentado ocultar.
Y aprendí que no hay peor disfraz
que el que uno mismo
se fabrica a medida
con la esperanza 
de que ser lo que no es
lo proteja de las inclemencias
de los sentimientos amargos.
No hay disfraz capaz de soportarlo.
Por eso paseo por el mundo mi desnudez.
Y hace frío ahí fuera,
pero prefiero morir congelada
a vivir embutida en un traje
demasiado pequeño para mí.

                                                         A.B.B. 2 de marzo de 2014









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