sábado, 29 de diciembre de 2012

Epitafio de las palabras muertas


En este frío papel en blanco
descansan las palabras muertas
enterradas desde hace años
y que ahora, día tras día,
se empeñan en resucitar
como la naturaleza en primavera.
Bostezan, abren los ojos a la luz
y un tanto indecisas, echan a andar
sin rumbo, arrastrando las letras,
con el deseo de que alguien
se detenga a mirarlas a los ojos
y sin pudor las haga suyas.
A su paso esparcen hileras de semillas
traídas desde un pasado lejano
y con la tinta de los sentimientos
emborronan la virginal palidez de unas líneas,
dispuestas a cambiar el mundo frase a frase
o a volver a morir en el intento.
Si la suerte les acompaña 
y caen en mentes fértiles
crecerán sanas y bellas, 
su fuerza levantará pasiones
e incluso los papeles del tres al cuarto
querrán poseerlas por siempre.
Mas pobres de ellas si caen en mente obtusa
pues se perderán en el olvido
desposeídas de todo privilegio,
diluyendo sus lágrimas negras
en un mar profundo y oscuro
del que no podrán regresar.
Las palabras vuelven a nacer,
buscando signos que las acompañen
quien sabe hacia dónde,
para qué o por qué,
cargadas de ilusiones recién estrenadas
y sin miedo al silencio donde un día habitaron.

                                        A.B.B. 29 de diciembre de 2012








miércoles, 26 de diciembre de 2012

Hay besos


Hay besos que alborotan risueños
entre los pliegues de sonrisas calladas.
Hay besos que hacen equilibrios
en la cuerda floja de labios venideros.
Hay besos enterrados en sueños
bajo capas de inconsciencias halladas.
Hay besos refrescantes como ríos
que acarician la orilla de corazones sinceros.
Hay besos rotos, besos sin dueño,
besos vacíos, besos pequeños,
besos que besan, besos que llaman,
besos que alientan, besos que alarman.
Besos que buscan, besos que escapan,
besos que vuelven y besos que marchan.
Los hay que dicen ser dulces,
los hay que cuentan ser tiernos,
los hay que se tambalean y caen de bruces,
y los hay que saben protegernos.
Besos infinitos tatuados en cada alma
con el punzón de lo aprendido,
a fuego lento, con calma
y pulso firme y decidido.
Millones de besos vagan perdidos
por un universo de pasiones,
deseando ser recibidos
sin atender a razones.

                                                A.B.B. 26 de diciembre de 2012



Un poquito de música con besos




jueves, 20 de diciembre de 2012

El peso de una canción


Para Luis Vil, un gran cabronazo que les da alas a las palabras y las deja volar en su voz. Gracias por tus robos consentidos y deseados.

Música inyectada en las venas,
notas estupefacientes que hacen olvidar
el dolor de un cuerpo entregado
al vicio más allá del placer.
Mágicos juegos de manos
que acarician promiscuos acordes,
esconden bajo la manga
una voz marcada de deseo.
Horas de luces y sombras
robadas al señor de un tiempo
que se adormece drogado
de ritmos y compases.
Sonidos que se arrastran
sedientos de melodías
logran calmar su sed
en la piel de una guitarra.
Palabras que se encadenan
a unas letras compartidas
en el alma de canciones
vestidas de sangre y sudor.

                                               A.B.B. 20 de diciembre de 2012











martes, 18 de diciembre de 2012

Ecuaciones sin solución



Para Aurora López, que me hace pensar sin querer en que a veces  pensando no se piensa.

El problema de pensar plantea muchas ecuaciones que no llevan a ninguna solución real. No se puede resolver lo que no se sabe cómo ha empezado.
Los pensamientos no tienen principio ni fin. Se encadenan unos a otros, mañana, tarde y noche. Día tras día. Mes tras mes. Año tras año. Sin descanso. No conceden tregua aunque la bandera blanca se agite en la mente.
Gritan como si tuvieran miedo a la soledad, como si no quisieran escuchar su propia voz. Se han acostumbrado a vivir dentro de un circulo que da vueltas como una lavadora; unas veces giran más deprisa y otras su ritmo se ralentiza. Incluso en alguna ocasión llegan a pararse durante unos instantes para observarse entre ellos y comprobar que siguen todos ahí. Se vigilan para asegurarse de que ninguno se queda atrás ni intenta huir.
Son la simbiosis perfectamente imperfecta. El ying y el yang. El blanco y el negro. La cárcel de la que no se puede escapar porque al querer hacerlo tenemos que pensar cómo, cuándo y por qué.
Pasamos la vida pensando. O la vida pasa a nuestro lado mientras lo hacemos. Y pensar en la vida nos conduce irremediablemente a pensar en el final del camino: la muerte. Mas la muerte genera vida. Lo que nos lleva a pensar que la vida no tiene principio ni final, que siempre está ahí. Como los pensamientos.
Los pensamientos son la antesala de los sentimientos; o puede ser que pensemos porque sentimos.
¿Pensamos en el amor o sentimos amor y pensamos en él?
¿Pensamos en la amistad o tenemos amigos y pensamos en ellos?
¿Pensamos en los problemas o los problemas nos hacen pensar?
Pensar nos plantea miles de preguntas, muchas de ellas sin respuesta o con respuestas que no estamos dispuestos a escuchar y olvidamos haber pensado.
Tenemos pensamientos bellos con la esperanza de que se hagan realidad, de que llenen nuestras vidas de ilusiones, de que ese pensamiento revitalizante y el sentimiento que lo escolta nos desborden y rieguen el páramo de la tristeza. Puede ser que eso sea la felicidad: una secuencia más o menos larga de pensamientos y sentimientos de belleza desulumbrante. O puede que no.
Algunos pensamientos van de la mano de la melancolía. Nos traen a la memoria sabores del pasado donde quedaron anclados y no renunciamos a que vuelvan a llenar nuestra boca, aun sabiendo que nunca los podremos volver a saborear. Estos malvados nos hacen sentir perdidos y frágiles.
Otros están enredados con la tristeza y se agarran con fuertes e inquebrantables raíces a nuestro corazón dejándolo sin respiración. Tanto dolor ahoga a los sentimientos de buena voluntad.
Existen tantos pensamientos como sentimientos. O quizá deberíamos aplicar la propiedad conmutativa. El orden de los factores no altera el producto.
Y si no hay suficientes pensamientos para cubrir nuestras necesidades sentimentales, inventamos la manera de estar siempre abastecidos.
No hay mejor manera de recibir a nuevo día, y puede ser que tampoco peor, que pensando.
"¿Qué día es hoy?...Parece que va a llover y no sé dónde está el paraguas...Pese a todo va a ser un día maravilloso". Y lo pasaremos pensando.
"Qué vamos a comer. Cómo llegaremos a fin de mes. Ocurrirá algo maravilloso que cambie nuestras monótonas vidas. Me llamará Equis y saldremos a cenar. Les irá bien a los niños en el colegio. Cuándo dejarán los políticos de creer que somos tontos. El jefe reconocerá por fin mi trabajo. Qué cortos son los días. Me tengo que acostar y han quedado mil cosas sin hacer. Voy a intentar dormir y mañana será otro día..."
Pensamiento-pregunta-duda-pensamiento.
A menudo los pensamientos se suceden tan deprisa que se diría están dispuestos a matarse entre ellos. No da tiempo a pensar que estamos pensando. Llegan dispuestos a provocarnos ansiedad, nervios, angustia, deseos de que pase rápido y llegue el siguiente. Prisas por vivir.
Al minuto siguiente pensamos que nos gustaría que el reloj se parase de repente, que la arena dejase de caer y ese instante durase eternamente. Deseos malempleados en una causa perdida, porque el reloj solamente se detiene en nuestro último segundo de vida.
Y a ese pensamiento le sigue otro y otro y otro más; engranados en ese eje que va haciendo girar el circulo perfecto. Ese principio sin fin y ese fin sin principio, porque estamos encadenados a lo que recordamos y a lo que deseamos poder recordar y somos incapaces de que vuelva a nuestro pensamiento. Hace tiempo que dejamos de sentirlo porque dejamos de pensarlo. ¿O era al revés?
Estamos encadenados a lo que sentimos y a lo que nos gustaría sentir sin pensar; a lo que pensamos y a lo que nos gustaría olvidar que hemos pensado.
Porque mientras pensamos que pasa la vida...pasamos la vida pensando.
                                   A.B.B. 18 de diciembre de 2012



                                                  

lunes, 10 de diciembre de 2012

Cuando llegues a casa


Cuando llegues a casa vestido de cansancio y ruido,
con el alma arrugada y sudorosa,
la mirada saturada de paisajes mundanos
y la voz reseca de palabras,
mis manos silenciosas
desabrocharán los botones de tu angustia
y lavarán sin prisa tu fatiga;
mis ojos desnudos 
se llenarán de ti,
y mis labios serán el manantial
que apagará tu sed.
Y si llegas y no estoy,
mientras esperas,
respírame en el aire que he dejado para ti,
encuéntrame en los besos que me has dado,
intúyeme en el silencio que te envuelve
y relájate...
porque no tardo.

                            A.B.B. 28 de noviembre de 2012










jueves, 6 de diciembre de 2012

Mundo muerte


Mundo de patanes e ignorantes
que adolecen de grave estupidez crónica
y se jactan de pecados escupidos
en las infectadas fauces del infierno.
Mundo de siervos grotescos y crédulos
que no dudan que ser feliz consiste
en acumular billetes podridos
con los que comprar placeres malditos.
Renuncio a que mi destino esté marcado
con pautas eternamente invocadas 
por mentes descarnadas.
Renuncio a vivir la vida muerte
que han reservado en mi nombre
falsificando mi firma.
Renuncio a que sus corruptas gélidas manos
toquen mis ardientes palabras
y las conviertan en hielo.
Renuncio a que sus ojos inyectados en sangre
desnuden lascivos mi libertad
y la expongan a sus miradas alienadas.
Renuncio a que con sus babas de poder
empapen mi cerebro
de inmundos deseos engañosos.
Y renunciando me convierto 
en paria de una sociedad 
amputada de sentimientos.
Y renunciando garantizo
la supervivencia de mi alma
en una tierra desalmada.
Y renunciando me complazco
de tener las manos limpias,
los ojos transparentes y las palabras sanas.
Para que conste, a fecha de hoy
y disfrutando de plenas facultades mentales
renuncio a renunciar de todo aquello
que no se compra ni se vende,
de mi corazón no transgénico,
de mi mente no manipulada,
de mis palabras cargadas de letras
que acribillan los corazones
de los que todavía tienen corazón.
Y lo rubrico con la tinta aún caliente
de una sangre que hierve
en el fuego de sentimientos vírgenes.

                                                A.B.B. 6 de diciembre de 2012



Música para corazones rebeldes







martes, 4 de diciembre de 2012

Efectos adversos de la vida


Año tras año el frío vuelve y nos quejamos de sus efectos mientras lo vemos tras el cristal. No nos olvidemos de los que sí saben lo que es pasar frío. No nos olvidemos de que somos seres afortunados tocados con la varita mágica de la suerte. No cerremos los ojos ante el infortunio ajeno, porque el no querer ver no nos librará de la epidemia del egoísmo que nos convierte en piedras. Y la suerte no siempre ha de estar de nuestro lado. Abramos los sentidos al mundo real y no vivamos en un inexistente paisaje de cuento.


Como cada noche desde hace tanto tiempo que ni siquiera él mismo recuerda, Manuel se acurruca bajo sucios cartones intentando protegerse del frío; o quizá, bajo ellos, como si de una capa élfica se tratase, lo que desea es ser invisible a los ojos del mundo. Ese mundo que día tras día le ha dado la espalda. Ese mundo que intentó comprender sin conseguirlo. Ese mundo lleno de vida, de una vida que ve pasar delante de sus ojos sin detenerse, sin siquiera darle tiempo a levantar su mano para intentar rozar la estela de luz que se agita a tan solo un palmo de la punta de sus dedos.
Esta noche, como tantas, su única compañía es el arrugado envase de vino que le calienta por fuera y le destruye por dentro. El néctar envenenado le ayuda a dejar fuera cualquier tipo de pensamiento. Se limita a dejarse llevar por el sopor que produce la embriaguez anhelando que su mente se torne oscuridad. Mas hoy no lo consigue. De alguna parte de su desarropado cerebro llegan recuerdos que sin haber sido invitados, se sientan de golpe en su destartalado corazón haciendo que sus muelles se claven hasta el fondo de sus entrañas.
Esta noche mira sus manos temblorosas y llora en silencio los tiempos en que servían para acariciar. Cierra los ojos y una furtiva lágrima lo arrastra a una época en que todo estaba donde tenía que estar. Recuerda el olor del café recién hecho, el beso de buenos días de su mujer, el agua caliente entonando sus músculos, los lametones de aquel chuchillo que apareció una tarde en la puerta de casa, medio muerto de pena y hambre. Recuerda pasear la vista a su alrededor y agradecer tanta felicidad. La lágrima se ha secado a mitad de camino entre su cuello y su alma, cuarteando la maquinaria que bombea su desteñida sangre. Duele. Es un dolor infinito que lo hace retorcerse y gemir. Recordar le está pasando factura, pero no puede dejar de hacerlo. No quiere. Desea terminar con esto de una vez. Se obliga a recordar la mañana en que todo cambió. Al llegar a la oficina una carta de despido le dio la bienvenida a un mundo al que no había imaginado viajar. A partir de entonces, los días lo arrastraron a los bajos fondos de la derrota. No encontró salida. Empezó a beber para olvidar. Cuando recordaba haber olvidado se sentía miserable. Pese a ello la debilidad se agarró a su cuello dispuesta a ahogarlo a la menor oportunidad. Pasaron los meses y las deudas se acumulaban a la par que se acumulaba su decadencia. Una tarde fría y gris, su mujer le dijo que no aguantaba más, y se marchó. Cerró la puerta y nunca regresó. Los amigos desaparecieron como desaparece el humo de un cigarro. Se quedó solo, sin más compañía que aquel chuchillo al que no parecía importarle que se estuviera volviendo invisible. El tiempo se había convertido en su más sanguinario enemigo y cuando en su mente se dibujó la efímera esperanza de poder vencerlo, llegó la puñalada certera de manos de aquella carta de desahucio. El poco mundo que le quedaba desapareció bajo sus trastabillantes pies. El pinchazo le dolió inmensamente, al igual que le está doliendo ahora. ¿En qué se había equivocado? ¿Cuál había sido su error? Quizá confiar demasiado en que las cosas desagradables siempre les pasan a los demás; no prever el punto débil por el que las fortalezas, aún las más inexpugnables, son atacadas; olvidar que en la vida no hay nada seguro, que lo que un día amanece radiante de luz al siguiente puede convertirse en sombras. La batalla lo sorprendió desarmado y ya no hay vuelta atrás. No le queda honor, ese cruel invento del hombre que tantas vidas destroza. No le quedan fuerzas para seguir luchando contra un mundo que lo ve como un despojo digno de compasión pero no de ayuda. Ya no quiere nada de esta vida que alguna vez tuvo entre sus manos. Duele. El pinchazo es más fuerte que el anterior y sabe que esta vez sí. Lo único que lamenta es abandonar a aquel amigo que rescató de una muerte segura y que lo mira con ojos acuosos que gimen mientras le lame su mano casi inerte. Se despide de él, le desea suerte con una última caricia y apretando los ojos se deja llevar hacia un tiempo sin tiempo donde espera descansar y olvidar que un día paseó por aquel camino mal llamado humanidad.

                                                  A.B.B. 4 de diciembre de 2012



lunes, 3 de diciembre de 2012

Algún día, en algún lugar


Algún día, en algún lugar
con mi lengua dibujaré 
mariposas en tu pecho
y las pintaré con besos.
Con mi aliento les daré vida,
se desperezarán ansiosas
en el mundo de tu cuerpo,
abrirán sus alas
y con la mirada puesta 
en el horizonte de tu piel
revolotearán decididas a explorar
cada centímetro de tu geografía.
Algún día, en algún lugar
sus colores serán la bandera
a la que jurarán lealtad
mis deseos desterrados de patria.
Algún día, en algún lugar...

                                              A.B.B. 3 de diciembre de 2012




Mariposas que vuelan dentro






viernes, 23 de noviembre de 2012

Cuando pienso en ti


Cuando pienso en ti
mis manos se convierten en mariposas
que vuelan con la esperanza 
de quemarse en el incendio de tu piel;
mis labios se llenan de palabras temblorosas,
que ansían llegar a los tuyos
y escribir frase tras frase
una historia sin final;
mi mente imagina perderse 
en el paisaje de tu enmarañado pecho
y sabe que nunca podrá volver atrás
porque el camino desaparece en ti;
mi cuerpo en guerra
reclama su eternidad de gloria
y en la apasionada batalla
suda lágrimas de placer soñándola.
Cuando pienso en ti...
el mundo  conocido desaparece bajo capas
de sentimientos, deseos y sensaciones
que esperan el momento de vivir por primera vez.

                                          A.B.B. 22 de noviembre de 2012



Los sonidos que se han convertido en palabras y las palabras en otras palabras distintas.











martes, 20 de noviembre de 2012

Si no te quisiera tanto

El silencio sabe a dónde tiene que llevar mis palabras.


Si no te quisiera tanto
acostaría mis sentimientos sobre la escarcha
para que se helaran en la noche;
les lavaría la boca con lejía a mis palabras descaradas
y las castigaría en el cuarto oscuro del silencio.

Si no te quisiera tanto
destruiría con saña los escalones que llevan a tu cielo
precipitándome en el vacío de la más absoluta nada;
ataría con la soga del olvido
el sentir que pasea por el patio soleado de mi corazón.

Si no te quisiera tanto
cerraría la cancela de mis recién estrenados deseos
y lanzaría la llave más allá de mis sueños;
alquilaría mi cuerpo por semanas
a cambio de suspiros de hojalata.

Si no te quisiera tanto
mis manos estarían llenas de ayer,
mis besos pudriéndome los labios,
mis caricias vestidas de luto
y mis palabras intactas.

                                           A.B.B. 20 de noviembre de 2012



Puede que no parezca demasiado inspiradora pero es la canción que  comenzaba a sonar mientras yo comenzaba a escribir.







domingo, 11 de noviembre de 2012

Un sueño de piratas


Para Sisifo, que arrastra eternamente su peso por el mundo y ha decidido amadrinar todos mis partos.

Hoy me has hablado de cartas olvidadas
y he vuelto a cruzar océanos de tiempo
que han devuelto a mi orilla
los restos de un barquito de papel.
Con la cubierta engalanada
de palabras brillantes como el oro
y la bodega sobrecargada
por el peso de nuestros corazones
se hizo a la mar,
inconsciente del peligro 
de no llegar a puerto.
Se lanzaron salvas en su honor
mientras se elevaban cánticos 
por las ingenuas almas
a las que de antemano daban por muertas,
pues la proeza se convertía en locura
cuando no existía esperanza alguna de sobrevivir.
Izando la bandera de un amor
enaltecido por los vientos favorables
levó sus anclas, tratando de ahuyentar
a los negros espíritus que duermen
en las profundas aguas de la realidad.
Mas, ¡ay! los tristes augurios
no tardaron en cumplirse. 
En la breve distancia recorrida
entre la partida y el naufragio
nuestros inocentes corazones 
apenas tuvieron tiempo de poner a salvo
unos cuantos sentimientos
rescatados de una muerte segura.
Abrumados por la desolación
se escondieron y crecieron
ocultos en un páramo triste y reseco, 
donde cada respiración quemaba por dentro
y traía al recuerdo los aromas del mar.
Esperaron pacientemente
el momento de volver a su añorado hogar.
El camino era largo y duro; 
la oscuridad amenazaba cada paso
con su loca mirada asesina
y el reloj de arena abandonado en un rincón
se permitía arañar cada instante
con sus uñas de tiempo perdido.
Mas la luz se hizo paso a trompicones
entre la aglomeración de sombras
y encontró la manera 
de llegar al instante donde todo empezó.
Regresan con las manos cargadas de ayer
al lugar en que las heridas sanan,
vacilando apenas unos segundos 
al vislumbrar la corriente
que un día estuvo a punto de ahogarlos.
Pero el deseo es más fuerte que el miedo
porque quien ha conocido el mar
ya no será capaz de vivir 
sin sentir la fuerza del agua,
que caprichosa, crea y destruye a su antojo.
Porque naciendo hemos muerto,
y muriendo de nuevo hemos nacido.

                                               A.B.B. 11 de noviembre de 2012












lunes, 5 de noviembre de 2012

Dioses de cartón


Remolinos de sentimientos acuden en su ayuda
cuando las silenciosas aguas del Leteo
están a punto de devorar todo lo que fue.
Vienen haciendo tanto ruido que el olvido
no tiene más remedio que retirarse
al triste tálamo donde la oscuridad
yace por los siglos de los siglos
con las almas deformes 
que nunca llegaron a nacer.
En el submundo de lo inexistente
los avisos de Casandra
no encuentran oídos en los que reposar
y la incauta pasión se adentra en el laberinto
desprovista del hilo con el que volver a ser.
¿Quién protegerá sus alas
para que el sol no las queme
ni la espuma del mar las moje
si la inconsciencia se adueña de ella?
¿Llegará la vanidosa Afrodita
regalando su melena de estrellas
a los placeres nocturnos,
o será la celosa Hera
quien monte guardia 
en el umbral de los sueños?
No existe razón lógica 
que impida a la sinrazón
volar a lomos de su pegaso de besos
hasta quedar extenuada,
ni sinrazón que permita
a la razón lógica 
encontrar el dorado templo
donde descansar de sus excesos.

                                              A.B.B. 5 de noviembre de 2012






La música que bucea en mí




sábado, 20 de octubre de 2012

21 gramos

21 gramos vapulean mi mente
abandonándola a su suerte
en la peligrosa cuneta
de un cielo sin señalizar.
Desde mi efímera eternidad
consigo preguntarme 
cómo algo tan ligero
puede noquear los sentidos
con un golpe tan certero
que debilita la conciencia
y la arrastra hasta el límite
de lo lógicamente ilógico,
para después sumergirla
en el estanque dorado de los sueños
del que quizá nunca vuelva a emerger.
Intento abrir los ojos al mundo,
pero un sentimiento carmesí
los acosa con sus llamas
provocando una total ceguera
largamente deseada.
Abrasada de pasión
intento mover mis dedos,
mas un sentimiento azul
los arrastra a las profundidades
de un mar en calma.
Ahogándome en mi propia espuma
intento mover los labios,
cuando un sentimiento cobrizo
atraviesa mis palabras tendidas al sol
y desordena todas sus letras.
Aturdida por el trabalenguas
intento mover mi corazón
y un sentimiento esmeralda
se despunta entre las rocas
con su belleza duramente tallada.
No hay salida
si un definido arco iris 
de intensos colores
te rodea con su brillo
intentando poseerte.
No hay salida
si 21 gramos golpean tu mente
con la atrayente fuerza
de un huracán sentimental
ávido de efectos devastadores.

                                               A.B.B. 20 de octubre de 2012



La música que me ha inspirado



jueves, 11 de octubre de 2012

La flor marchita


El otro día encontré este "algo" en el baúl de los recuerdos y me gustaría conocer vuestra opinión sobre si intento que la historia continúe o la dejo descansar en paz como historia inconclusa.


Elisa estaba sentada tras la ventana de aquel oscuro local, su mirada vagando tras el suave contoneo con el que las minúsculas gotas de lluvia bailaban deslizándose por el cristal, arrastrando con sus movimientos la suciedad acumulada en él.
Sus cabellos eran del color del sol al atardecer. Sus ojos del color de la hierba fresca; sus pequeños y carnosos labios del color de la pasión, cual minúsculo reflejo de aquel vestido rojo sangre, que insinuaba armoniosas y perfectas curvas. Su piel tan blanca como el más puro mármol, con un arrebolado matiz en sus mejillas, como si el pintor que le dio vida se hubiera dado cuenta en el último instante de que su paleta se había quedado sin colores. 
En una esquina de la mesa, una pequeña lámpara con una vela, cuya llama parpadeaba sin cesar, hacía resaltar su palidez y su triste mirada, confiriéndole el aspecto de una figura de cera o de un condenado a muerte a punto de subir al cadalso.
Al fondo del local, en un pequeño y destartalado escenario en el que se adivinaban tiempos mejores, una sensual rubia de voz ondulada como su melena, desgranaba una a una las notas de una canción de Billie Holiday...come rain or como shine..., mientras algunas parejas se susurraban, al compás de sus ojos y de sus manos, promesas de amor que quizá nunca  cumplirían.
Giró levemente la cabeza y fijó su mirada en una farola que acababa de encenderse. Miraba pero no veía, al igual que lloraba sin que una sola lágrima asomase a sus ojos. Ojalá las almas se limpiaran tan fácilmente como los cristales -pensó-. Y su mente galopó sin su permiso al encuentro con el pasado. A otra tarde lluviosa, que sin embargo, en nada se parecía a ésta.
Elisa trabajaba desde hacía un par de años en la pequeña floristería de su padre, aunque desde que su mente era capaz de recordar, aquella era su segunda casa. O puede ser que la primera. De niña jugaba a esconderse tras las dalias y los claveles esperando que alguien la encontrara. Más de una vez se quedó dormida en el frío suelo antes de que la echaran en falta. A veces imaginaba que era una mariposa posándose de flor en flor en un inmenso jardín, y acariciaba con cuidado una a una todas las flores, tan suaves como el algodón. Otras, cogía una rosa, respiraba fuerte su aroma y soñaba que era una princesa prisionera en el castillo de un malvado dragón, hasta que aparecía su príncipe -que había tenido que vivir mil y una aventuras para encontrarla-, le ofrecía la más bella rosa, la subía a lomos de su majestuoso caballo blanco y...vivieron felices y comieron perdices.
Sólo despertaba de esta ensoñación cuando sentía los pinchazos de las espinas de aquella rosa que llevaba en la mano, como si fuera un aviso de la espina que iba a clavarse en su corazón. Mas seguía soñando y clavándose espinas.
Paradójicamente, a medida que iba creciendo, dejó de gustarle que las flores fueran arrancadas de su espacio natural. Le entristecía comprobar lo efímera que es la belleza cuando la apartan de su razón para vivir. Prefería admirar los jardines llenos de radiantes flores, verlas nacer, crecer, deslumbrar con sus colores, luchar contra los elementos externos, marchitarse y finalmente morir. Que la vida siguiera su curso. Que cada cosa ocupase el lugar que le correspondía.
- No entiendo por qué nadie regala jardines -se preguntaba una y otra vez.
A pesar de todo, siempre había pertenecido a esa floristería. Era un trabajo bonito, y gratificante sentir que la gente a través de las flores intentaba expresar sentimientos para los que casi nunca bastaban las palabras. Pasión, perdón, consuelo, agradecimiento. Amor en definitiva. Siempre amor. Así es que, como ella decía, siempre he vivido rodeada de amor.
Por desgracia últimamente corrían malos tiempos para los sentimientos. Decían que el principio de la guerra estaba cerca. A su alrededor la vida continuaba con su ritmo cotidiano y rutinario, pero el aire traía aromas lejanos. Olía a miedo y a preocupación. Llegaban del pasado llantos de muerte y destrucción. Adivinaba en los rostros de la gente curtida, emociones enterradas en el olvido y a las que negaban el encuentro con el presente.
En definitiva, todo lo que se ocultaba entre las líneas de cada página de cada hoy, dejaba poco tiempo para el amor y las flores, desterrándolos a furtivos instantes. Sabores de culpabilidad por encontrarse con la belleza en aquellos momentos tan poco propicios para ello.
Aquella tarde la lluvia caía con la fuerza de las tormentas de verano. Elisa contemplaba las flores mientras su mente caminaba por esos parajes de desolación. Poco más tenía que hacer ya que con ese aguacero la poca gente que se decidía a salir de sus casas lo hacía a la carrera y su única preocupación era no calarse hasta los huesos.
Se detuvo tras la puerta observando el caer de las gotas. Le hechizaba la lluvia. Sentía su poder que purificaba todo lo que tocaba y limpiaba hasta los rincones más escondidos.
De niña pasaba horas embobada con las manos y la nariz pegadas en el frío cristal, como si el simple contacto pudiera acercarla más a la lluvia. Sintió deseos de hacer lo mismo y meneó la cabeza sonriendo al darse cuenta de que ahora era ella quien limpiaba los cristales. Cómo cambian las cosas -pensó-. Ni siquiera podía imaginarse cuánto iban a cambiar.













lunes, 1 de octubre de 2012

Las horas calladas

Las horas calladas en que no estás conmigo
arrastran grilletes y sábanas blancas
aullando lamentos de tiempos perdidos.
Ocultas en las sombras juegan a asustarme 
acercando a mi nuca su hálito frío
y tirando de mi alma con sus dedos no vivos.
Se vanaglorian de ser crueles y eternas
con la arrogancia de creerse vencedoras
de un corazón que perdió el sentido.
Mas no saben que voy bien armada
con el amor rebosante de artillería
y tapones en los oídos.
La batalla es larga y sangrienta
y aunque débil sobrevivo
a una espera ya herida de muerte.
Las horas calladas en que no estás conmigo
encierran las palabras en un calabozo de delirios,
me acerco sin miedo y abro la puerta
suspirando sonrisas y sonriendo suspiros.

                                               A.B.B. 1 de octubre de 2012



El tema que ha abierto esta puerta

https://www.youtube.com/watch?v=ugQl1ad9G8U&feature=player_embedded


Y el regalo de Luis Vil
http://www.goear.com/listen/ee21d43/la-horas-calladas-luis-vil







martes, 25 de septiembre de 2012

Eternidad de bolsillo

¿Cuánto dura la eternidad?
El tiempo de tu hambre
comiendo mis entrañas,
de la nave de tu cuerpo
amarrada en mi puerto,
de una gota de sudor
sorteando tu espalda,
de una sonrisa recostada
en el diván de mi pecho.
El tiempo de un pensamiento
nacido de la nada,
de un suspiro
que se ahoga entre tus dedos,
de un gemido forastero
en busca de morada,
de una espiral de te quieros
trepando por mi pelo.
El tiempo de tus ojos
lanzándose al vacío,
de tus manos
saltando hacia el averno,
de una pena amordazada
con tu valiente risa,
de una ardiente caricia
sacada de un sombrero.
El tiempo que nos regala
un reloj adelantado
con los minutos envueltos
en juramentos eternos,
que prometen verdades imposibles
a cambio de placeres turbulentos.


                                                A.B.B. 24 de septiembre de 2012





La canción que me inspiró



                                                     18 de noviembre de 2013

Hay días que abandonan su anonimato para convertirse en especiales por sorpresa. Y hoy es uno de ellos. Alguien me ha regalado una parte de su corazón a través de su voz. Gracias a él un día lluvioso se ha llenado de luz y este humilde espacio donde deposito trocitos de mi alma se viste de gala para celebrarlo

https://soundcloud.com/demiurgo-indomita/eternidad-de-bolsillo




lunes, 24 de septiembre de 2012

Pasos sin huellas


Sentimientos más antiguos que el mundo
se apoderan de mí y me hacen suya.
Cierro los ojos y mi alma vuela
a jardines colgantes
de eternas primaveras.
Paseo sin prisa entre los parterres
donde batallones de tulipanes,
narcisos, verbena y rosas
me escoltan silenciosos
hasta el rincón donde me esperan
altivos guerreros que me ofrecen descanso,
componiendo canciones de amor
que el viento susurra delicadamente.
Me adormezco protegida entre sus ramas,
al calor de unos acordes perfectos.
Y me reconcilio con la vida
que acepta mis disculpas
recelosa aún cual amante herido,
ansiosa por que recuerde
lo que nunca debí olvidar:
formo parte del camino
que no lleva a ningún lugar.

                                                A.B.B. 24 de septiembre de 2012









domingo, 23 de septiembre de 2012

Cenicienta sin zapato

Mi corazón tiembla de miedo
al ritmo de tus ojos,
dejándose llevar con vértigo
al centro de la pista de baile
de tus manos engalanadas.
Siento mi piel arder
al contacto con tus dedos,
mas como fuego fatuo retrocedo 
hacia el gélido rincón
donde el peligro no puede llegar.
Veo tus labios moverse
sin que ningún sonido
consiga alcanzarme
pues mis sentimientos
se han quedado sordos.
Desearía ensuciar tu alma
con mi amor pordiosero
manchado de pecado,
pero huyo en la carroza de mis besos
antes de que se conviertan en barro.

                                                     A.B.B. 23 de septiembre de 2012



La canción que me inspiró



domingo, 16 de septiembre de 2012

Vampiros de la nada


Para India, un ser de la noche que tiene miedo de que la luz se enamore de ella. Entrañable y fan incondicional.

Me alimento de la sangre
de cuerpos vacíos,
de corazones en ruinas
que un día tuvieron dueño.
Acecho en oscuros callejones
sedienta de pecados,
esperando a la víctima perfecta
de ojos desorbitados
por el miedo a ser poseída.
Mi mirada se precipita
por un acantilado 
yermo de pasiones.
Mis manos desnudas de deseo
se esconden en la penumbra
habitada por voces
que aúllan tu nombre.
Pronto son engullidas
por la bruma 
de recuerdos agónicos 
atrapados en la nada.
Le doy la bienvenida
a un mundo de silencio
y sigo esperando
oculta entre las sombras
de sentimientos olvidados.

                                            A.B.B. 16 de septiembre de 2012




El 21 de octubre de la mano de Luis Vil llegó la increíble sorpresa de ver convertido este poema en una canción compuesta y cantada por él.

http://www.goear.com/listen/35881b0/vampiros-de-la-nada-luis-vil

Mordiscos en el cielo


Pulgueta, siempre estarás con nosotros arañándonos el corazón con tu recuerdo.

Empieza un nuevo día,
abre los ojos a un mundo nuevo
de paisajes bonitos
y juegos eternos.
Muérdele la oreja
al señor del tiempo,
pídele una bonita cesta
en lo más alto del cielo.
Maúllale un blues a la luna
con tus nuevos compañeros
por la noche podré verte
y te seguiré queriendo.
Trepa valiente
hasta esa nube oscura
vestida de tristeza
y de malos vientos.
Paséate tierno y mimoso
entre sus caminos de pena,
devuelve a sus ojos la alegría
con tu mirada amor inmenso.
Agradecida y recompuesta,
derramará mares de felicidad
que inundarán de ti 
nuestros agostados cuerpos.
Atrapa su rabo,
lámele el pelo,
róbale un suspiro
y acurrúcate entre sus dedos. 
No tengas miedo,
ella ya te ama
desde que te vio
azabache y pequeño.
Te abrirá sus brazos
dándote consuelo
y entonces descansa
como un gato bueno.
Desde aquí nosotros
velaremos tus sueños.
                                             A.B.B. 16 de septiembre de 2012




jueves, 13 de septiembre de 2012

Lágrimas de tinta


Lágrimas de tinta 
nadando en el pergamino
de tu cuerpo inviolable,
empapando cada surco
con ancestrales pensamientos
nacidos de un breve adiós,
llegando por caminos secretos
a las entrañas de tus marcas 
eternamente encarceladas,
tatuando sin prisa
cada centímetro de tu piel
sellada con profundos silencios,
arañando las venas
de un corazón ennegrecido
por el humo de un tren vacío.
Lágrimas de tinta
que lloran con palabras inertes
la pérdida de un corazón callado.
                                                      
                                                    A.B.B. 13 de septiembre de 2012



domingo, 2 de septiembre de 2012

Y ahora


En nuestro infierno las cenizas de tus palabras
se mezclan con los restos de mi calcinado corazón.
Desolación.
Ni un sólo brote verde que augure
la resurrección de nuestros pecados.
Llanto.
Lágrimas acuchilladas
en los oscuros laberintos de la sinrazón.
Agonía.
El nudo de tu cuerpo asfixiando mi deseo
con caricias compradas a bajo precio.
Súplicas.
Voces del amor aún caliente 
decapitado por la guillotina del tiempo.
Oscuridad.
Besos fríos como el hielo
que apagan la lava de los ardientes labios.
Reproches.
Vómitos ensangrentados
de dolientes almas heridas de muerte.
Silencio.
Rostros de luto que se alejan 
al ritmo de una marcha fúnebre.
                                                        A.B.B. 2 de septiembre de 2012















miércoles, 22 de agosto de 2012

Más allá de tus cenizas



Para Rafa Narbona, un funambulista de las palabras, un poeta de lo prohibido, un buscador de rosas en los vertederos, un alma atornillada a la pasión, un esqueleto de huesos de amapola, un pintor de batallas, una eternidad hecha instante...y ante todo un amigo.




Por tus manos pasaron 
todos los caminos del mundo.
Palabras ciegas aún no nacidas
se cruzaron con tus ojos huérfanos
en los márgenes de la existencia,
rozando nuestras mentes
con aceradas frases
que sueñan con desolación
tristeza y muerte,
enredadas en versos laberínticos
de pasiones profundas
maniatadas a perversos deseos
de labios encendidos.
Mil perros malditos siguieron tu rastro
más allá del muro de la indecencia
lanzando dentelladas al viento,
aullando su locura,
babeando rabiosos,
al descubrir que aquel hueso envenenado
no lo podían roer sin quemarse.
Mil y una veces saliste de una ciénaga inmunda
de delirios con promesas de infinitos,
resurgiendo de tus cenizas volcánicas
con los pies ensangrentados
por cristales de esperanza.
Y acunaste entre brumas
a un niño ya dormido
que lloraba de miedo
por haberte perdido.

                                                   A.B.B. 21 de agosto de 2012

domingo, 19 de agosto de 2012

El mercader de sueños




Madhi estaba en un rincón del zoco, sentado tras una mesa en la que no había nada. Voceaba sin cesar su inexistente mercancía como quien repite una letanía.
"Sonrisas a precio de risa, miradas para enamorar ciegamente, aromas de olvido para corazones sin olfato, palabras vacías colmadas de recuerdos, cantos de sirena para marineros sordos, rosas de los vientos labradas a fuego para no perder nunca el rumbo, esencia de lágrimas dulces o amargas en frascos de todos los tamaños, pócimas de suspiros rotos para almas atormentadas, susurros cautivadores para corazones despistados, poemas ardientes para fríos inviernos..."

Llamó mi atención hasta el extremo de dejar para más tarde lo que había venido a hacer. Me paré delante de él, algo mareada por el intenso olor a especias que llenaba el aire. No podía dejar de mirar sus ojos azabachados de intensa profundidad ni sus labios moviéndose al ritmo de su ondulante voz. Me observaba como si hablase solamente para mí. El ritmo del zoco desaparecía a medida que aumentaba mi pulso. El tiempo se detuvo. No existía nada a mi alrededor a excepción de aquella turbulenta espiral de sentimientos que pugnaba por tragarme.

Aun a costa de parecer descarada le pregunté por qué vendía cosas inexistentes que nadie podía comprar. Me miró más allá de lo considerado decoroso, como si quisiera desnudar mi alma y sumergirla en un estanque de certezas.
-Es todo lo que me dejó mi mujer. Cuando murió me hizo prometerle que antes de reunirme con ella me desharía de cualquier sentimiento que tuviera guardado. Empezaremos de cero, dijo. Tuve que rebuscar mucho para encontrarlos a todos. Algunos eran tan felices añorándola que se negaban a que me los llevara. Con mucha paciencia y promesas de un corazón más espacioso donde alojarse, conseguí sacarlos uno a uno de sus escondrijos. De esto hace ya tres años. Nadie se detiene a escucharme y la espera se hace insoportable. Tengo prisa por abrazarla de nuevo y empezar una nueva vida a su lado. ¿Querrías ayudarme? 
- Lo siento, yo también tengo prisa por hacer lo que he venido a hacer aquí. 
- ¿Estás segura de que no te arrepentirás? Es una decisión arriesgada.
Lo miré inquieta arrojando mis palabras como si quemaran.
- ¿Cómo sabe...?
- Te he visto curiosear el puesto de Jamâl. Vende unos venenos de lo más efectivo, pero te has puesto pálida cuando ha empezado el regateo. No estás convencida de quererlo hacer y la muerte no se deja engañar. Podemos hacer un trueque. Tú te quedas con mis recuerdos y yo acompaño a Azrail que ha de llevarme veloz a los brazos de mi mujer.
- Es una proposición descabellada. Además, no puedo quedarme con unos recuerdos que no son míos. ¿Qué iba a hacer con ellos?
- Eres joven y bella. Tienes mucho tiempo para hechizar a alguien con tus palabras y convencerlo de que vale más tener recuerdos ajenos que vagar por las profundidades de la no existencia. Cuando encuentres con quien compartirlos comprenderás que no se debe pagar a la muerte por adelantado porque se intenta lucrar con precios abusivos que tiene que abaratar cuando el comprador se niega a desembolsar. La mía es una buena oferta que no debes rechazar porque a mí me falta el tiempo que a ti te sobra y por el contrario me sobran las palabras que te son tan necesarias. Mis días como mercader de sueños han terminado. Ha llegado la hora de traspasar el negocio y empezar una nueva vida.

La vida y la muerte son caprichosas. Llegué a ese zoco decidida a vender mi alma a cualquier precio, cuando la primera me salió al encuentro disfrazada de mercader y me convertí en vendedora de sueños ajenos que nadie puede comprar. Como Madhi sigo esperando a que llegue mi hora. Alguna vez he sentido deseos de acercarme al puesto de Jamâl, pero nunca más he vuelto a cruzar la distancia que nos separa.

                                                    A.B.B. 19 de agosto de 2012