Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano. Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje. Vendrán días, han de venir. Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta -Manolo García-
domingo, 16 de septiembre de 2012
Vampiros de la nada
Para India, un ser de la noche que tiene miedo de que la luz se enamore de ella. Entrañable y fan incondicional.
Me alimento de la sangre
de cuerpos vacíos,
de corazones en ruinas
que un día tuvieron dueño.
Acecho en oscuros callejones
sedienta de pecados,
esperando a la víctima perfecta
de ojos desorbitados
por el miedo a ser poseída.
Mi mirada se precipita
por un acantilado
yermo de pasiones.
Mis manos desnudas de deseo
se esconden en la penumbra
habitada por voces
que aúllan tu nombre.
Pronto son engullidas
por la bruma
de recuerdos agónicos
atrapados en la nada.
Le doy la bienvenida
a un mundo de silencio
y sigo esperando
oculta entre las sombras
de sentimientos olvidados.
A.B.B. 16 de septiembre de 2012
El 21 de octubre de la mano de Luis Vil llegó la increíble sorpresa de ver convertido este poema en una canción compuesta y cantada por él.
http://www.goear.com/listen/35881b0/vampiros-de-la-nada-luis-vil
Mordiscos en el cielo
Pulgueta, siempre estarás con nosotros arañándonos el corazón con tu recuerdo.
Empieza un nuevo día,
abre los ojos a un mundo nuevo
de paisajes bonitos
y juegos eternos.
Muérdele la oreja
al señor del tiempo,
pídele una bonita cesta
en lo más alto del cielo.
Maúllale un blues a la luna
con tus nuevos compañeros
por la noche podré verte
y te seguiré queriendo.
Trepa valiente
hasta esa nube oscura
vestida de tristeza
y de malos vientos.
Paséate tierno y mimoso
entre sus caminos de pena,
devuelve a sus ojos la alegría
con tu mirada amor inmenso.
Agradecida y recompuesta,
derramará mares de felicidad
que inundarán de ti
nuestros agostados cuerpos.
Atrapa su rabo,
lámele el pelo,
róbale un suspiro
y acurrúcate entre sus dedos.
No tengas miedo,
ella ya te ama
desde que te vio
azabache y pequeño.
Te abrirá sus brazos
dándote consuelo
y entonces descansa
como un gato bueno.
Desde aquí nosotros
velaremos tus sueños.
A.B.B. 16 de septiembre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
Lágrimas de tinta
Lágrimas de tinta
nadando en el pergamino
de tu cuerpo inviolable,
empapando cada surco
con ancestrales pensamientos
nacidos de un breve adiós,
llegando por caminos secretos
a las entrañas de tus marcas
eternamente encarceladas,
tatuando sin prisa
cada centímetro de tu piel
sellada con profundos silencios,
arañando las venas
de un corazón ennegrecido
por el humo de un tren vacío.
Lágrimas de tinta
que lloran con palabras inertes
la pérdida de un corazón callado.
A.B.B. 13 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Y ahora
En nuestro infierno las cenizas de tus palabras
se mezclan con los restos de mi calcinado corazón.
Desolación.
Ni un sólo brote verde que augure
la resurrección de nuestros pecados.
Llanto.
Lágrimas acuchilladas
en los oscuros laberintos de la sinrazón.
Agonía.
El nudo de tu cuerpo asfixiando mi deseo
con caricias compradas a bajo precio.
Súplicas.
Voces del amor aún caliente
decapitado por la guillotina del tiempo.
Oscuridad.
Besos fríos como el hielo
que apagan la lava de los ardientes labios.
Reproches.
Vómitos ensangrentados
de dolientes almas heridas de muerte.
Silencio.
Rostros de luto que se alejan
miércoles, 22 de agosto de 2012
Más allá de tus cenizas
Para Rafa Narbona, un funambulista de las palabras, un poeta de lo prohibido, un buscador de rosas en los vertederos, un alma atornillada a la pasión, un esqueleto de huesos de amapola, un pintor de batallas, una eternidad hecha instante...y ante todo un amigo.
Por tus manos pasaron
todos los caminos del mundo.
Palabras ciegas aún no nacidas
se cruzaron con tus ojos huérfanos
en los márgenes de la existencia,
rozando nuestras mentes
con aceradas frases
que sueñan con desolación
tristeza y muerte,
enredadas en versos laberínticos
de pasiones profundas
maniatadas a perversos deseos
de labios encendidos.
Mil perros malditos siguieron tu rastro
más allá del muro de la indecencia
lanzando dentelladas al viento,
aullando su locura,
babeando rabiosos,
al descubrir que aquel hueso envenenado
no lo podían roer sin quemarse.
Mil y una veces saliste de una ciénaga inmunda
de delirios con promesas de infinitos,
resurgiendo de tus cenizas volcánicas
con los pies ensangrentados
por cristales de esperanza.
Y acunaste entre brumas
a un niño ya dormido
que lloraba de miedo
por haberte perdido.
A.B.B. 21 de agosto de 2012
domingo, 19 de agosto de 2012
El mercader de sueños
Madhi estaba en un rincón del zoco, sentado tras una mesa en la que no había nada. Voceaba sin cesar su inexistente mercancía como quien repite una letanía.
"Sonrisas a precio de risa, miradas para enamorar ciegamente, aromas de olvido para corazones sin olfato, palabras vacías colmadas de recuerdos, cantos de sirena para marineros sordos, rosas de los vientos labradas a fuego para no perder nunca el rumbo, esencia de lágrimas dulces o amargas en frascos de todos los tamaños, pócimas de suspiros rotos para almas atormentadas, susurros cautivadores para corazones despistados, poemas ardientes para fríos inviernos..."
Llamó mi atención hasta el extremo de dejar para más tarde lo que había venido a hacer. Me paré delante de él, algo mareada por el intenso olor a especias que llenaba el aire. No podía dejar de mirar sus ojos azabachados de intensa profundidad ni sus labios moviéndose al ritmo de su ondulante voz. Me observaba como si hablase solamente para mí. El ritmo del zoco desaparecía a medida que aumentaba mi pulso. El tiempo se detuvo. No existía nada a mi alrededor a excepción de aquella turbulenta espiral de sentimientos que pugnaba por tragarme.
Aun a costa de parecer descarada le pregunté por qué vendía cosas inexistentes que nadie podía comprar. Me miró más allá de lo considerado decoroso, como si quisiera desnudar mi alma y sumergirla en un estanque de certezas.
-Es todo lo que me dejó mi mujer. Cuando murió me hizo prometerle que antes de reunirme con ella me desharía de cualquier sentimiento que tuviera guardado. Empezaremos de cero, dijo. Tuve que rebuscar mucho para encontrarlos a todos. Algunos eran tan felices añorándola que se negaban a que me los llevara. Con mucha paciencia y promesas de un corazón más espacioso donde alojarse, conseguí sacarlos uno a uno de sus escondrijos. De esto hace ya tres años. Nadie se detiene a escucharme y la espera se hace insoportable. Tengo prisa por abrazarla de nuevo y empezar una nueva vida a su lado. ¿Querrías ayudarme?
- Lo siento, yo también tengo prisa por hacer lo que he venido a hacer aquí.
- ¿Estás segura de que no te arrepentirás? Es una decisión arriesgada.
Lo miré inquieta arrojando mis palabras como si quemaran.
- ¿Cómo sabe...?
- Te he visto curiosear el puesto de Jamâl. Vende unos venenos de lo más efectivo, pero te has puesto pálida cuando ha empezado el regateo. No estás convencida de quererlo hacer y la muerte no se deja engañar. Podemos hacer un trueque. Tú te quedas con mis recuerdos y yo acompaño a Azrail que ha de llevarme veloz a los brazos de mi mujer.
- Es una proposición descabellada. Además, no puedo quedarme con unos recuerdos que no son míos. ¿Qué iba a hacer con ellos?
- Eres joven y bella. Tienes mucho tiempo para hechizar a alguien con tus palabras y convencerlo de que vale más tener recuerdos ajenos que vagar por las profundidades de la no existencia. Cuando encuentres con quien compartirlos comprenderás que no se debe pagar a la muerte por adelantado porque se intenta lucrar con precios abusivos que tiene que abaratar cuando el comprador se niega a desembolsar. La mía es una buena oferta que no debes rechazar porque a mí me falta el tiempo que a ti te sobra y por el contrario me sobran las palabras que te son tan necesarias. Mis días como mercader de sueños han terminado. Ha llegado la hora de traspasar el negocio y empezar una nueva vida.
La vida y la muerte son caprichosas. Llegué a ese zoco decidida a vender mi alma a cualquier precio, cuando la primera me salió al encuentro disfrazada de mercader y me convertí en vendedora de sueños ajenos que nadie puede comprar. Como Madhi sigo esperando a que llegue mi hora. Alguna vez he sentido deseos de acercarme al puesto de Jamâl, pero nunca más he vuelto a cruzar la distancia que nos separa.
A.B.B. 19 de agosto de 2012
miércoles, 15 de agosto de 2012
Una noche de febrero
Para Raquel Ortiz Lacomba, por ser como es y porque cuando se lo enseñé me animó a revisarlo y a publicarlo. A veces nos visitan los ángeles.
Eran las tres de la mañana de una noche a finales del invierno, en la que el frío había concedido una tregua, cansado tras tantos meses de convertirlo todo en hielo.
Candela se despidió de aquel amigo con el que había pasado unas horas, intentando ambos que la realidad quedase fuera, como si tuviera prohibida la entrada en los bares donde se habían refugiado.
Esperó un taxi durante un largo cuarto de hora, extrañándose del escaso tráfico que había.
-Me temo que puedo esperar eternamente -pensó-. Volveré a casa paseando, es una noche preciosa, digna de ser aprovechada. Quién sabe cuándo volverá a haber otra así.
Comenzó a caminar por las calles casi vacías, como tantas otras veces había hecho. Le atraía pasear cuando la ciudad dormía y el estruendoso tráfico concedía una tregua merecida. Podía escuchar a su corazón sin necesidad de gritar para hablar con él. Aunque por una vez hubiera preferido que una legión de ruidos insoportables se hicieran amos de la noche para no tenerlo que escuchar. Pero no fue así.
"Bienvenida Candela. Hace tiempo que no contestas a mis llamadas. Estaba empezando a pensar que te habías olvidado de mí".
-He estado muy ocupada-.
"¿Ocupada?. Eso suena a excusa barata y sin sentido. Mas bien creo que no quieres escuchar lo que tengo que decirte".
-Tienes razón. Resulta imposible engañarte. Me da miedo dejarte hablar, no me suele gustar lo que dices-.
"Lo siento niña, pero esta vez me vas a escuchar quieras o no. No puedes seguir maltratándome tan despiadadamente. Aunque intentes negarlo, sabes que lo nuestro es una simbiosis perfecta y eterna. No puedes vivir sin mí y yo no puedo vivir sin ti y me está haciendo mucho daño tu rechazo. Me siento morir y no lo soporto más".
-Yo sí que me siento morir por tu culpa. Por escucharte, por intentar ponerte por delante de la razón. Eres cruel y despiadado. Por tu culpa primero río y después lloro. Y las lágrimas son más ágiles que la risa, se cuelan por los rincones y no hay manera de sacarlas de su escondite-.
"Mi dulce amor, esa es mi misión. Conseguir que tú me des lo que necesito para que tú puedas recibir lo que necesitas en cada momento. Pero para eso hace falta ser constante y tú hace tiempo que olvidaste que si no me riegan me seco, que si no me abonan no crezco y que si no me miman no florezco. Y cuando eso ocurre ambos sufrimos por igual.
-¿Dulce amor dices? Ja. El amor no es dulce. Se disfraza de suculento caramelo para que se haga irresistible probarlo y cuando el deseo me puede y me deleito por anticipado pensando en ese intenso placer, al llegar a la boca resulta amargo. Lo escupo rápidamente pero ya es tarde. Esa amargura es tan intensa que no importa lo que pruebe después, su esencia ha quedado ahí, anclada a mi recuerdo-.
Eran las tres de la mañana de una noche a finales del invierno, en la que el frío había concedido una tregua, cansado tras tantos meses de convertirlo todo en hielo.
Candela se despidió de aquel amigo con el que había pasado unas horas, intentando ambos que la realidad quedase fuera, como si tuviera prohibida la entrada en los bares donde se habían refugiado.
Esperó un taxi durante un largo cuarto de hora, extrañándose del escaso tráfico que había.
-Me temo que puedo esperar eternamente -pensó-. Volveré a casa paseando, es una noche preciosa, digna de ser aprovechada. Quién sabe cuándo volverá a haber otra así.
Comenzó a caminar por las calles casi vacías, como tantas otras veces había hecho. Le atraía pasear cuando la ciudad dormía y el estruendoso tráfico concedía una tregua merecida. Podía escuchar a su corazón sin necesidad de gritar para hablar con él. Aunque por una vez hubiera preferido que una legión de ruidos insoportables se hicieran amos de la noche para no tenerlo que escuchar. Pero no fue así.
"Bienvenida Candela. Hace tiempo que no contestas a mis llamadas. Estaba empezando a pensar que te habías olvidado de mí".
-He estado muy ocupada-.
"¿Ocupada?. Eso suena a excusa barata y sin sentido. Mas bien creo que no quieres escuchar lo que tengo que decirte".
-Tienes razón. Resulta imposible engañarte. Me da miedo dejarte hablar, no me suele gustar lo que dices-.
"Lo siento niña, pero esta vez me vas a escuchar quieras o no. No puedes seguir maltratándome tan despiadadamente. Aunque intentes negarlo, sabes que lo nuestro es una simbiosis perfecta y eterna. No puedes vivir sin mí y yo no puedo vivir sin ti y me está haciendo mucho daño tu rechazo. Me siento morir y no lo soporto más".
-Yo sí que me siento morir por tu culpa. Por escucharte, por intentar ponerte por delante de la razón. Eres cruel y despiadado. Por tu culpa primero río y después lloro. Y las lágrimas son más ágiles que la risa, se cuelan por los rincones y no hay manera de sacarlas de su escondite-.
"Mi dulce amor, esa es mi misión. Conseguir que tú me des lo que necesito para que tú puedas recibir lo que necesitas en cada momento. Pero para eso hace falta ser constante y tú hace tiempo que olvidaste que si no me riegan me seco, que si no me abonan no crezco y que si no me miman no florezco. Y cuando eso ocurre ambos sufrimos por igual.
-¿Dulce amor dices? Ja. El amor no es dulce. Se disfraza de suculento caramelo para que se haga irresistible probarlo y cuando el deseo me puede y me deleito por anticipado pensando en ese intenso placer, al llegar a la boca resulta amargo. Lo escupo rápidamente pero ya es tarde. Esa amargura es tan intensa que no importa lo que pruebe después, su esencia ha quedado ahí, anclada a mi recuerdo-.
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