Vendrán días en que el peso que hoy te abruma se hará liviano. Vendrán días en que ese peso ya no será carga sino bagaje. Vendrán días, han de venir. Porque un alma que alberga sentimientos viles no brilla
y un alma sin brillo es un tiempo marchito para quien lo soporta
-Manolo García-
Yo soy así, y escupo lava mezclada con restos de cenizas de erupciones arcaicas. Yo soy así, y los pliegues de mis deseos se deslizan e inclinan hacia el centro de tus ojos. Yo soy así, y de mi núcleo perforado emergen a presión sentimientos ardientes. Yo soy así, y en el sinclinal de mi sonrisa estratifican lentamente, esos besos que tus labios han depositado en mí. Yo soy así, porque falla tras falla, erosión tras erosión, el alma se transforma pero no muere. Yo soy así, fuego y torrente, marea viva y calma chicha, estructura maleable por el tiempo. Yo soy así, y me quiebro con una caricia o me escondo entre montañas que una vez fueron agua. Yo soy así un diminuto grano de arena en la inmensidad de un universo que sin mi presencia no sería el mismo. Yo soy así ahora, en este mismo instante en el que mientras escribo, estoy cambiando. A.B.B 10 de noviembre de 2014
Crujen los huesos del alma cada vez que el recelo rezuma pus de la herida que nunca amanece. Crujen como hojas de papel secas, como dedos que chasquean, crujen como mis ojos cuando se cierran sin mirarte. Crujen los sentimientos como galletas recién salidas del horno destinadas a ser devoradas por la gula de quien no tiene hambre. Cruje la vida bajo nuestras preguntas, cruje para hacerse notar, cruje para quejarse con un hilo de voz en el estrado de nuestra indiferencia. Crujen las penas y piden un masajista diplomado, crujen cuando nos tapamos el corazón para no escuchar más allá. Crujen esas súplicas tullidas que se mueven en silla de ruedas por las orillas invisibles de los deseos asesinados. Crujen los preciados sueños guardados en urnas de cristal para poder disfrutar de su belleza sin que la pasión los dañe. Un mundo insaciable cruje dentro de mí pero no le tengo miedo porque tengo la extraña sensación de que crujir es vivir. A.B.B. 30 de marzo de 2014
Suerte. Cara o cruz. Cara te busco. Cruz me encuentras. Suerte. Lanzas la moneda al aire tibio de lo que está por llegar. Suerte. La corriente del destino la arrastra hacia los cationes que fluían sin rumbo por mi ser. Suerte. El espacio y el tiempo de los deseos no concedidos se desintegran en nuestras manos. Suerte. No importa de qué lado hemos caído ni de cuál nos levantamos si lo hacemos juntos. Suerte. Llegaste. Llegué. Llegamos. Estás. Estoy. Estamos. Eres. Soy. Somos. Suerte.
Paseo por el mundo mi desnudez de palabras ensangrentadas y uñas rotas porque un día hace mucho tiempo me dije ven, te vestiré de lo que no eres. Te haré un rutilante disfraz con el que nadie será capaz de reconocer tus ojos de agua ni tu piel con estigmas. Nadie podrá hacerte daño. Sonaba bonito. Me lo quise creer, fui y me embutí en un traje de superhéroe de pacotilla demasiado pequeño para mí. Me convencí de que no importaba si me pinchaba la ternura cuando respiraba fuerte ni que el frío se colara por aquella fina tela hecha de mentiras y me lancé en picado a rescatar brazos mutilados y labios resecos. Aquel disfraz era un éxito. Nadie me conocía. Ni siquiera yo misma. Nadie sentía necesidad de saber quién se escondía debajo, aunque algunas veces, jugaban a adivinarlo. Entre juegos y rescates el traje se fue desgarrando y dejó al descubierto la vulnerabilidad de quien nunca pide aquello que no le van a dar. Dejó al descubierto lo que siempre había intentado ocultar. Y aprendí que no hay peor disfraz que el que uno mismo se fabrica a medida con la esperanza de que ser lo que no es lo proteja de las inclemencias de los sentimientos amargos. No hay disfraz capaz de soportarlo. Por eso paseo por el mundo mi desnudez. Y hace frío ahí fuera, pero prefiero morir congelada a vivir embutida en un traje demasiado pequeño para mí. A.B.B. 2 de marzo de 2014
No importa lo que yo quiera decir. Lo importante es no preguntar. No pensar por qué en este mundo de locos los cuerdos siempre caemos del lado de la mantequilla, cuántas lágrimas hacen falta para que la estupidez caiga inconsciente ebria de razones, dónde están excavadas las tumbas anónimas en las que yacen las momias de nuestros sueños, cuándo construimos la gigantesca presa que estancó el fluir de los sentimientos intrépidos, cómo la bomba de la inercia sugerida nos reventó por dentro sin previo aviso, cuál es el destino del tren de la apatía consentida que nunca se detiene en la estación del coraje. No latir. No tocar. No molestar. No preguntar. No dejarse llevar. No sentir. No empujar. No preguntar. No soñar. No besar. No pedir. No preguntar. No interferir. No crecer. No volver. No preguntar. No perder. No gemir. No entorpecer. No preguntar. No creer. No querer. No vivir. No preguntar. No compartir. No luchar. No discernir. No preguntar. No importa lo que yo quiera decir. Ni quién lo quiera escuchar. Nacer, crecer, fingir, morir. No preguntar. A.B.B. 27 de febrero de 2014
¿Dónde quedó la tierra que nos prometieron cuando crédulos, hipotecamos nuestros besos bajo sábanas con aroma a deseo recién hecho? ¿Dónde quedó la Estigia en la que sumergimos nuestros ojos, convencidos de que ningún demonio podría arrebatarnos lo que era nuestro por derecho? ¿Dónde quedaron los aires de cambio que soplaban en nuestras caricias depositándolas en el lugar exacto del cielo de los sentidos y las lágrimas de luna? ¿Dónde quedaron los paseos por mares de silencios telegrafiados en clave de palpitaciones y delirios de olas que rompían al azar sobre nuestros cuerpos? ¿Dónde quedaron nuestros días y nuestras noches, nuestras alboradas y nuestros crepúsculos, y aquellas tardes en las que nos respirábamos sin aliento? Llegó el tiempo de los labios a mitad de comer y se lo llevó todo, acuchillando con miradas empapadas en desidia mientras sus dedos enguantados sudaban oscuridad. No hay donde refugiarse cuando bajo los sentimientos crujen las angustias de los desencuentros apuntalados sobre el barro de sueños de baja calidad. El paraíso no existe. Pero si existiera, estaría pegado a tu piel y a una galaxia de ti. El infierno no existe. Pero si existiera, estaría pegado a ti y a una galaxia de tu piel. Volvamos a la falsa tierra que nos vendieron a precio de oro y saldemos nuestras deudas pendientes ...hasta que la muerte nos separe. A.B.B. 20 de febrero de 2014
Hubo un tiempo de luto en el que por las goteras de la credulidad, se filtraban palabras agónicas que caían una y otra vez sobre mis entrañas desgarradas. Un tiempo eternamente breve en el que el pensamiento, esa plañidera contratada por horas, se negaba a apartarse del cadáver que miraba desde fuera de mi cuerpo. Un tiempo de noches de sábanas tristes en el que por entre los barrotes de mi celda, destrozaba mis tímpanos la agria carcajada de esa indeseable realidad ladrona por la que yo estaba cumpliendo condena. Un tiempo negro sin fisuras en el que los ojos miraban sin ver, cada una de las partes de un reloj parado programado para activarse a la hora incierta de la decencia establecida. Hubo un tiempo mudo que se fue sin levantar la voz, sin más equipaje que el recuerdo olvidado, sin indicación alguna de esa carretera secundaria en el desgastado mapa del destino. Hubo un tiempo que se fue y que siempre quedará. Me pinto el alma de azul y la meto en un bolsillo. Pequeño, para que no quepa la duda de que vivir, lo he vivido. A.B.B. 30 de enero de 2014