domingo, 17 de marzo de 2013

No decía palabras - Luis Cernuda

27 de diciembre de 2012




No decía palabras

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de un sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
basta para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

-Luis Cernuda-



El hogar y la lámpara de resplandor pequeño - Paul Verlaine


18 de diciembre de 2012



EL HOGAR Y LA LÁMPARA DE RESPLANDOR PEQUEÑO

El hogar y la lámpara de resplandor pequeño;
la frente entre las manos en busca del ensueño;
y los ojos perdidos en los ojos amados;
la hora del té humeante y los libros cerrados;
el dulzor de sentir fenecer la velada,
la adorable fatiga y la espera adorada
de la sombra nupcial y el ensueño amoroso.
¡Oh! ¡Todo esto, mi ensueño lo ha perseguido ansioso,
sin descanso, a través de mil demoras vanas,
impaciente de meses, furioso de semanas!

-Paul Verlaine-

Son de mar - Manuel Vicent


- Si el cuerpo no apareció, ¿a qué cree usted que se debe?. El mar no quiere hombres. Tarde o temprano suele echarlos fuera, pero diez años parecen demasiados. ¿No se habló de que se había suicidado atándose el ancla al cuello y que se hundió a cien brazas de profundidad?
- Tenía razones muy fuertes para no hacerlo. Ese domingo su mujer le estaba preparando patatas fritas para comer.
- ¿Y ésa es una buena razón para no matarse?
- Lo es.
- ¿Ni para huir?
- Eso creo -contestó muy firme el guardia civil jubilado-. Según contó la mujer en su día, Ulises le había prometido que le traería un atún recién pescado, el primero de la temporada, pero las patatas fritas eran lo que más le gustaba del mundo. Aunque sólo fuera por eso tenía que haber regresado a casa. No había nada que deseara tanto como pescar el primer atún y que Martina friera unas patatas con aceite de oliva. Eso juraba ella.
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Todo el mundo estaba en el jardín y la fiesta ya andaba de remate a primeras horas de la madrugada y las criadas se habían retirado a dormir y dentro de la mansión no había nadie cuando Martina fue por un calmante a la cocina. En el momento de abrir el armario sintió que alguien jadeaba a su espalda. Volvió el rostro y se encontró conque allí había un hombre desconocido. Pese a la sorpresa o el miedo instintivo que esa presencia le había causado, Martina controló el primer vuelco del corazón intuyendo que sería uno de los camareros o algún invitado, pero enseguida vio que aquel hombre le mostraba un pez que llevaba en la mano y le sonreía de forma muy familiar.
- Dije que te iba a traer el primer atún de la temporada. He tenido que ir hasta la isla de Sumatra a pescarlo -habló sosegadamente Ulises elevando la pieza capturada.
- ¿Es un atún de verdad? -preguntó Marina sin prestar mucha atención a las palabras de aquel desconocido.
- Es una prueba de amor. Después de dar la vuelta al mundo he vuelto para decirte que eres la mujer de mi vida -siguió hablando Ulises muy calmado.
- ¡¡¡Aaaaaaaah!!! -gritó Martina.
Cuando algunos invitados llegaron a la cocina atraídos por este alarido vieron a Martina desmayada en el suelo. A su lado había un atún y nadie más.

18 de octubre de 2012


viernes, 1 de marzo de 2013

Palabras de barro

¿Queréis palabras?
Cogedlas todas a vuestro gusto,
según os plazca.
Tomadlas una tras otra mientras 
mi corazón se desangra 
en un charco de letras vacías.
Aprovechaos de ellas y de mí
porque algún día volveremos
al lugar del que nunca debimos salir:
el inevitable silencio.
Allí donde los sentimientos
pueden esconderse tras altos muros
de deseos incumplidos, y una mirada
cuenta lo que el alma calla.
Sólo soy palabras lanzadas al aire
para que el olvido las recoja
y las haga suyas por toda la eternidad.
Sólo soy palabras prisioneras
que intentaron escapar de la sombra
sin que la luz estuviera a su alcance.
Ahora que las palabras han aprendido
que de nada sirven si no reverberan
ya no quieren ser ni que nadie las encuentre.
Nada queda tras sus pasos.
Y yo sólo soy palabras.

                                                A.B.B.  1 de marzo de 2013





jueves, 28 de febrero de 2013

El limbo no es tan mal lugar


Para Mary, que aún después de muchos años, piensa que soy un espíritu libre e íntegro y cree que lo que busco no existe. Dudo que tenga tiempo suficiente para demostrárselo pero sabe que moriré en el intento. Y que la quiero tal y como es.


Los espíritus libres no tenemos lugar
en el cielo de los animales de costumbres
ni en el infierno de las costumbres animales.
Estamos condenados al limbo de los apátridas;
al desprecio de unos y a la envidia de otros,
a la lástima de los que temen lo desconocido
y al miedo de los que conocen lo que temen.
A la penumbra de lo que brilla
y al brillo de lo que se apaga,
al desconcierto de los que miran sin ver
y a la lágrima de los que ven sin mirar.
No hay lugar para lo que se teme
ni temor para lo que no tiene lugar.
La sentencia es firme en el juicio de la vida.
Y el limbo no está tan mal
cuando te acostumbras a no tener costumbres,
cuando desconoces que hay que temer al miedo,
cuando lloras el brillo de lo que el resto no se atreve a ver
y te desconcierta que lo que se apaga no esté sentenciado.
El limbo no es tan mal camino
cuando aprendes que el pecado y la virtud
son el peaje obligado de autopistas
que no llevan a ninguna parte
pues de ninguna parte vienen.
El limbo no es tan sombrío
cuando descubres que en el albo edén
las risas son obligadas
y en las tinieblas infernales
se lamentan por devoción.
El limbo no es tan mal lugar
para los espíritus libres que soñamos
que el ansiado  horizonte
es la línea infinitamente perfecta
que separa y une ambos mundos.

                                      A.B.B.  28 de febrero de 2012







La muerte de la vida

Le di unas vueltas de más a la vida
y se me pasó de rosca.
Y ahora no sé qué hacer
con lo que me falta
ni con lo que me sobra.

Imposible desmontarla
para ver cómo es por dentro.
No hay abertura ninguna,
todo es oscuro y hermético.
No hay lugar por donde hacerlo.

Deseé lanzarla contra el suelo,
para descubrir su misterio.
Pero imaginarla destripada
además de muerta,
me produjo inmenso duelo.

No hay solución.
No hay remedio.
Ya no puede respirar.
Se rompió.
Ha muerto.

La gente la mirará.
Qué lástima, se dirán.
Qué lástima haberla perdido
tan viva como ella estaba.
Y preguntarán de qué ha sido.

Y sólo podré contestar
con mirada ciega y vacía:
me dejé llevar por un dulce soñar
y cuando volví en mí, 
estaba callada y fría.

Aún siento caliente en mi mano
su cuerpo tibio y amado
más su corazón no respira.
Su alma lo abandonó
con la primera luz del día.

Nadie me dirá dónde enterrarla
pues no hay cementerios
para vidas rotas y desvalidas.
No quiero que vague sola.
Yo le haré compañía.

La enterraré bajo un árbol
que a su belleza dé sombra,
cerca, muy cerca del mar
que la arrope con sus olas.
Y yo le haré compañía.

Me tumbaré entre sus flores
y le diré que la amé
a pesar de haberla matado.
Ella tampoco fue
lo que yo había esperado.

No hay solución.
No hay remedio.
Ya no puede respirar.
Se rompió.
Ha muerto.

                                            A.B.B.  27 de febrero de 2013













martes, 26 de febrero de 2013

El amenazado


26 de febrero de 2013



Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.
     Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. La
     hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
     ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
     la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó
     el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena 
     amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los
     hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis
     muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a       
     la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por la 
     ventana, pero la sombra no ha traído la paz.
Es ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y
     la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos que cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges